Así como las virtudes son algo natural o adquiridas, la maldad y la crueldad sólo se adquiere por vicio, pudiéndose contagiar.
Para la psiquiatría se considera como una perturbación psíquica que consiste en la obtención del placer a partir del sufrimiento de otros o en la indiferencia hacia el dolor ajeno.
Para la psiquiatría se considera como una perturbación psíquica que consiste en la obtención del placer a partir del sufrimiento de otros o en la indiferencia hacia el dolor ajeno.
No hay nada peor que una persona cruel convencida de que es buena persona.
Las personas crueles se suelen manifestar ante personas más débiles emocionalmente o indefensas, lo que demuestra que «la cobardía es la madre de la crueldad» como dijo Montesquieu.
Esta crueldad viene acompañada de un sentimiento de superioridad, de sentirse más o mejor que quienes le rodean; de una necesidad de poder y control y una actitud imperiosa de imponer su voluntad.
Estas personas pueden desmoralizar y atormentar la vida de otros, pueden cortar las alas a los más cercanos sin ni siquiera verse salpicados, son especialistas desmotivando, derrumbando sueños, hiriendo o lastimando emocionalmente y llenando los corazones de desesperanza.
Las víctimas que más afectadas se ven por este tipo de personas, paradójicamente, son aquellas con las que tienen un vínculo afectivo más fuertes, bien sea de padre o madre a hijos, de hermano/a a hermanos, entre parejas o de cualquier tipo de relación cercana. Aunque sus dosis de crueldad pueden ser, dejada a su paso, a discreción y con el convencimiento de que está haciendo el bien a todos.
Este tipo de personas puede incluso hacer ver, y peor aún, hacer sentir a sus víctimas como los malos, teniendo una habilidad extrema para librarse de responsabilidad y culpabilizar a los otros.
Las personas maquiavélicas son de personalidad poco social, con pocos amigos aunque elegidos de su mismo carácter. Son hábiles a la hora de detectar las debilidades de la personalidad de cada uno y aprovecharlas en su propio beneficio. Capaz de crear las condiciones para que el otro se mueva hacia una meta que él mismo le ha impuesto.
Poseen un control casi total sobre lo que se hace constantemente. Buena parte de sus acciones responden a un plan para quedar él siempre en buena posición.
Las personas maquiavélicas pueden dedicar mucho tiempo y esfuerzos a maquinar cómo aprovecharse de lo que hacen los demás para fines personales. Se justifican sus acciones maquiavelicas convencidos de que los demás actúan de igual forma que ellos.
Cuando estas personas hacen algo que perjudica a los demás, no se sienten mal por ello, porque consideran que eso es una consecuencia del plan de acciones que se ha ido desarrollando. Es decir, que ni siquiera tienen por qué pensar en ello, y normalmente ignoran esa cara de la realidad que ellos han ayudado a construir de manera directa. A fin de cuentas, la poca consideración por el bienestar de los demás es algo a lo que están acostumbrados.
Las personas crueles se suelen manifestar ante personas más débiles emocionalmente o indefensas, lo que demuestra que «la cobardía es la madre de la crueldad» como dijo Montesquieu.
Esta crueldad viene acompañada de un sentimiento de superioridad, de sentirse más o mejor que quienes le rodean; de una necesidad de poder y control y una actitud imperiosa de imponer su voluntad.
Estas personas pueden desmoralizar y atormentar la vida de otros, pueden cortar las alas a los más cercanos sin ni siquiera verse salpicados, son especialistas desmotivando, derrumbando sueños, hiriendo o lastimando emocionalmente y llenando los corazones de desesperanza.
Las víctimas que más afectadas se ven por este tipo de personas, paradójicamente, son aquellas con las que tienen un vínculo afectivo más fuertes, bien sea de padre o madre a hijos, de hermano/a a hermanos, entre parejas o de cualquier tipo de relación cercana. Aunque sus dosis de crueldad pueden ser, dejada a su paso, a discreción y con el convencimiento de que está haciendo el bien a todos.
Este tipo de personas puede incluso hacer ver, y peor aún, hacer sentir a sus víctimas como los malos, teniendo una habilidad extrema para librarse de responsabilidad y culpabilizar a los otros.
Las personas maquiavélicas son de personalidad poco social, con pocos amigos aunque elegidos de su mismo carácter. Son hábiles a la hora de detectar las debilidades de la personalidad de cada uno y aprovecharlas en su propio beneficio. Capaz de crear las condiciones para que el otro se mueva hacia una meta que él mismo le ha impuesto.
Poseen un control casi total sobre lo que se hace constantemente. Buena parte de sus acciones responden a un plan para quedar él siempre en buena posición.
Las personas maquiavélicas pueden dedicar mucho tiempo y esfuerzos a maquinar cómo aprovecharse de lo que hacen los demás para fines personales. Se justifican sus acciones maquiavelicas convencidos de que los demás actúan de igual forma que ellos.
Cuando estas personas hacen algo que perjudica a los demás, no se sienten mal por ello, porque consideran que eso es una consecuencia del plan de acciones que se ha ido desarrollando. Es decir, que ni siquiera tienen por qué pensar en ello, y normalmente ignoran esa cara de la realidad que ellos han ayudado a construir de manera directa. A fin de cuentas, la poca consideración por el bienestar de los demás es algo a lo que están acostumbrados.
