4. Acepta tus circunstancias pero persigue lo que quieres.


«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.» PABLO PICASSO 

 Antes de nada, es importante que distingas entre el conformismo y la aceptación. La conformidad se produce cuando no toleras una situación sea cual sea esta. Nos cerramos en nosotros mismos, y procedemos a no actuar y a estancarnos. Acto seguido aparece la tristeza, la apatía, la desesperación y el estrés. El cuento que siempre se repite. «Otra vez lo ha vuelto hacer.» «Otra vez lo mismo.» Esto es lo que se solemos decir. Nos volvemos despreciables. Nos lamentamos, lloramos por las esquinas, mendigamos la atención de los demás cuando realmente la atención nos la tenemos que prestar a nosotros mismos.. No creer en cambios en nuestra vida nos llevará a conformarnos. Esto generará a largo plazo más frustración, y en más ocasiones de las que se cree, la muerte. El hombre en busca del sentido de Viktor Frankl es para mí, la biblia de cómo se trabaja la aceptación de la realidad y no conformarse. En cuanto a la aceptación, puede que se confunda con la conformidad en ocasiones. Pero la diferencia entre ellas es clave. La acción. Actúa. Seas como seas. Pienses lo que pienses sobre ti. Actúa, comprueba cosas. Experimenta y pásalo mal si hace falta. Pero actúa. Aceptar es abandonar una lucha que no tiene solución. 

Como intentar cambiar a las personas de tu alrededor. Puedes pasarte años y años tratando de cambiar a alguien y creer que lo has logrado. Luego comprobar la cruda realidad de que a tus espaldas esa persona hace todo lo que tú dices que no haga. No vas a cambiar a nadie que no quiera cambiar. Ante estas situaciones propongo centrar la atención en otros propósitos y seguir creciendo. Haz como los árboles. Crece al máximo hacia la dirección que puedas y todo lo que te dejen si hay otras ramas o árboles impidiendo tu crecimiento hacia ciertas zonas. Aceptarse es duro. Implica aceptarnos a nosotros mismos. Y normalmente, si llevas toda una vida tratándote de forma pésima, te va a costar. Pero se consigue. La aceptación consiste en aceptar lo que somos, la situación que nos está tocando vivir y que somos responsables de prácticamente todo lo que está en nuestro área de influencia. Por lo que no vale decir eso de: es que yo no elegí nacer aquí, o no elegí tener tal familia. Eliges constantemente. Ahora has elegido leer este libro. Pues con la vida es igual. Decides y eliges constantemente. Actuar o no. Es simple. No es fácil. La aceptación implica no conformarse. Implica mejorarse constantemente. Cultivar la virtud de todo lo que hacemos. Como Séneca cita en su obra Diálogos, en concreto en sus escritos “Sobre la felicidad”, cultivar la virtud es indispensable para ser feliz. No en cambio los placeres. Porque lograr placer, o trabajar por y para él nos hace esclavos. Y nosotros queremos ser libres. Es decir, aceptarse no es estancarse. Es un estado de mejora constante, de sumergirnos en la incomodidad de cosas que nos dan miedo o respeto para mejorar nuestro nivel en todos los aspectos de nuestra vida. Socialmente, económicamente, familiarmente, deportivamente… en lo que sea. No dejes de mejorar en lo que sea por mucho que te digan que es suficiente. Para el psicólogo de Illinois, Carl Rogers, la aceptación genera empatía y seguridad hacia nosotros mismos y desde nosotros hacia los demás. Aceptar es ir a la guerra con lo que ya tenemos y punto. Aceptar es ir con todo nuestro arsenal actual sin desear un tanque mejor, sino sacar todo el potencial posible al que ya tenemos. ¿Cómo puedes lograr más aceptación en tu vida? ¿cómo cultivarla? 
Muy sencillo. Actúa. La acción es el verdadero motor de todo. A parte de investigar en lo más profundo de ti y de comprobar o desenmascarar ciertas ideas irracionales que te dominen, lo más importante es tomar acción. Esto te permite comprobar cómo es la realidad de las cosas que te rodean. Actuando, por ejemplo, al tomar otra determinación, como por ejemplo ser más honesto, puedes comprobar cómo las personas que creías que te odian no lo hacen. Y, al contrario, cómo las personas que creías que te amaban no lo hacen tanto. Actuando y comprobando , como un científico, empezarás a aceptar las cosas fácilmente ya que has actuado sobre ellas y has visto lo que sucede. En cuanto a perseguir lo que quieres. Es algo lógico. Estás en esta vida. Sólo vas a tener una. ¿Qué menos que dedicarte a algo que te apasione? 
Aunque no es fácil. Siempre hay múltiples factores que impiden que puedas desarrollar la vida que deseas. Los pensamientos irracionales son parte importante de esos factores. Puedes echar la culpa al tiempo, a que tienes hijos o a que estás en un estado físico lamentable. Pero lo que importa de verdad es que tomes acción nuevamente hacia aquello que te gusta, aunque sea mínimamente. Por ejemplo, te encantaría dedicarte a ser entrenador de fútbol. Pues utiliza tus momentos libres para hacer algo que te encamine a ello. Esto sí que no es difícil. Para el notabilísimo psicólogo William James, la felicidad viene a ser el resultado de un compromiso o razón entre los logros alcanzados por la persona y las aspiraciones o metas que ésta se plantea. Es decir, que nuestra felicidad se basaría en los logros que cosechemos. Si perseguimos lo que queremos y lo conseguimos, nuestra felicidad aumenta. También es importante saber qué te mueve a tus metas. Es decir, si luchas por ellas para lograr una recompensa o si lo haces para evitar algo que no te gusta. Si trabajas 10 horas al día sin descanso porque en casa la situación es insoportable con tu mujer, realmente estás evitando algo. Estás trabajando hacia una meta, pero de manera insana. Esto puede ser tu tumba. De hecho, es mucho más positivo actuar para lograr algo gratificante que para evitar un castigo. El castigo llegará tarde o temprano. Revisa tus valores. Escribe en un papel qué tres valores éticos son fundamentales para ti y persigue algo que esté en consonancia con ellos. Si para ti el respeto es fundamental, quizás te mueva una poderosa convicción de educar y enseñar a niños a ser ciudadanos respetuosos. Si para ti es importante la confianza, quizás apuntarte como voluntario en una institución que ayuda a personas sin recursos o en riesgo de exclusión social puede potenciar más ese valor en ti. Puede hacerte crecer de verdad. Lo mejor de todo es que vas a sentirte congruente. Y este sentimiento no será fingido ya que lo haces porque casa perfectamente con tu ética. Por último, debes tomar nota de lo siguiente. Puedes usar estas líneas como guía para lograr más aceptación sobre el mundo que te rodea y para ir a por aquello que quieres: No te quejes. No pierdas energía lamentándote de tu mala suerte. No pierdas ni un gramo de fuerzas en hablar sobre una situación que no está siendo como esperabas porque es estúpido. Sé consciente de que quejarte te hace más débil. Mientras que asumir las circunstancias y usar todos tus recursos dentro de las posibilidades que se den es lo correcto. Lo único que te va a llevar lejos es confiar en lo que ya eres, seas como seas, y actuar con el arsenal del que dispongas. Cultiva en todos los ámbitos de tu vida tu mejor yo. Rétate a ti mismo. Compárate contigo mismo hace un año, dos años, tres años. Pero sólo contigo. Presta atención. Si un problema tiene solución, resuélvelo. Si no tiene solución, no es un problema. Si nunca has tenido suerte con las chicas, o consideras que eres deficitario a la hora de relacionarte con ellas, no te quejes. Es un problema, y puedes abordarlo. Puedes salir a la calle, puedes proponerte hablar con 5 chicas al día. Puedes hacerlo. Puedes resolverlo. En cambio, imagina que tu padre es alcohólico. Que, tras varios intentos de desintoxicarse, unos cuatro o cinco, ha terminado recayendo. Tú te sientes mal porque no has podido solucionar que tu padre sea un alcohólico. Pero lo que no sabes o no quieres saber es que ni tú eres responsable de ello ni es un problema. Es duro. Pero es así: tu padre seguirá siendo alcohólico seas lo que seas y hagas lo que hagas en la vida porque depende de él dejar de serlo y no de ti. Por lo tanto, no tiene solución. Por lo tanto, no es un problema. Si no tienes claro lo que quieres en la vida. Actúa. Es decir, prueba cosas nuevas, experimenta. Apúntate a clases de artes marciales, aprende un idioma extraño que te haya llamado siempre la atención, lo que sea. Prueba, si no te gusta, déjalo. Pero estate seguro de que no te gusta. Actúa porque solo así lograrás saber qué cosas te gustan. Pasa de la gente que te recomiende hacer algo porque a ellos le han encantado. Igualmentme, cuando tengas amigos que te digan que han visto una película muy mala y te dicen que no vayas, no les hagas caso. Porque es su opinión., Y quizás para ti sea la mejor película que has visto jamás. Vive las experiencias que solamente tú quieras vivir. Es decir, si quieres ser más sociable, crea esas experiencias en forma de conversaciones con gente a la que normalmente no hablas. Por ejemplo, entabla conversaciones con tus vecinos cuando te los cruces. Si tienes un trabajo de cara al público exigente y estresante, aprovéchate de ello e inicia conversaciones sobre lo que sea para perder la vergüenza. Vive lo que quieres vivir de verdad. Si no te apetece ir de fiesta con tus amigos un viernes por la noche no lo hagas. Pregúntate qué quieres hacer ese viernes noche y simplemente hazlo. Mejor sólo. Si tienes amigos que quieran acompañarte, genial. Pero normalmente las personas tienen compromisos y preferencias y muchas veces no serán las mismas que las tuyas. Pero esto no importa absolutamente nada. Porque es tu vida. Son tus experiencias. Es el camino. Haciendo este tipo de cosas irás sabiendo poco a poco qué camino vas a querer tomar en la vida. No hace falta que escribas en un papel lo que quieres ser. Es estúpido. Simplemente toma decisiones en tu propio bien. Vive lo que quieras vivir.