Ya
sabes que uno de los hábitos de la gente feliz es no buscar la
aprobación de los demás. Ahora vamos a desenmascarar otro. Quiérete.
Amarse por encima de cualquier cosa puede parecer egoísta, pero no
amarse está detrás de muchos problemas mentales y físicos de hoy en día.
No amarse puede llevarte a la muerte. Rápida o lentamente, te irá
matando. Puede nublar tu visión de las cosas, puede hacer que
caigas en adicciones como las drogas, el alcohol o la comida. Sí, la
comida. Has leído bien. Hay muchas las personas que han vaciado su
ansiedad con comida basura. Ámate con
todas tus fuerzas. No hablo de decirte que te quieres al espejo todas
las mañanas. Aunque si lo ves necesario hazlo. Quererte significa
sentarte de manera que tu cuerpo no sufra dolores de espalda, comer de
manera saludable, hacer ejercicio y gustarte en el espejo. Quererte
significa potenciarse en todos los sentidos. Por ejemplo, cuando te
emborrachas, cuando comes sin fin, cuando te drogas. ¿Te quieres? Hay
ciertos hábitos que todos hemos llevado a cabo alguna vez o que incluso
veces sin darnos cuenta desarrollamos. Estos que voy a nombrar son
grandes destructores de nuestro amor propio: Creer lo que otros dicen de
ti. Da igual que sea un superior a tu cargo actual, que sea un dios del
inframundo, que sea un unicornio o un perro morado con bigotes de gato.
No te lo creas. Normalmente lo que la gente puede decir de ti es algo
externo. Es más, realmente, lo que vale es lo que tú te dices y cómo te ves tú, cómo
vives las cosas. Da lo mismo lo que la gente piense o diga.
Creerte la
víctima o hacértela. Al igual que insultarte, quejarte por las
circunstancias o por algo que te ha pasado es otra pérdida de tiempo.
Además de restártelo para mejorar la situación claro. Tenemos recursos
suficientes para afrontar situaciones complicadas. Confía en ti. Afronta
las situaciones porque no son para tanto. Insultarte. Cuando te
descalificas pierdes el tiempo. Te centras en lo negativo, en lo jodido
de la situación, en lo estúpido que has sido. Pero esto es perder el
tiempo. Cuando falles, dedica el tiempo a preguntarte cómo puedes fallar
mejor. Creer que puedes hacer de todo y a todas horas. Esto nos
desgasta. Creemos que podremos llegar a esa sesión de Pilates justo
cuando acabes de cerrar ese último contrato y justo antes de sacar al
perro. Pues no, para. Necesitas periodos de
descansos para ser tú mismo. Si no te das descansos te conviertes en un
ser obstinado y/o egoísta. Yo podría ser un gran ejemplo de ello. Sé de lo
que hablo. La energía es cíclica, viene y va. Si pasamos el día inmerso
en actividades exigentes perdemos fuerzas. Y no por cambiar de tarea la
energía va a volver. Lo único que pasa es que acabas haciendo
actividades con el «piloto automático». Relacionándote con otras personas
con la misma obsesión que tú y luego acabas al final del día preguntándote
por qué la gente te mira raro. ¿No será que estás saturado? No amarte
implica estar estresado la mayoría de las veces. Conviertes tu vida en
una lista de objetivos por cumplir. ¿Te suena esto? Tengo que ahorrar
para comprarme ese coche, tengo que formarme en psicología antes de los
23 años, tengo que encontrar un trabajo para pagarme ese máster. Y
cuando ya consigues esas cosas, la cosa sigue: tengo que comprarme una
casa, tengo que encontrar un trabajo en EEUU, tengo que encontrar novio
porque moriré solo…y esto no para. Puedes creer que todo este listado de
objetivos vitales es normal y que todo el mundo los tiene. La respuesta
es sí. Todos los tenemos. Lo que no tenemos es consciencia de que el
tiempo pasa y con él, nuestra vida. Estás pasando de largo por muchas
cosas en esta única vida que tienes por la simple tontería de lograr
todos tus objetivos a tiempo. Yo te pregunto. ¿qué pasa si alguna de
todas esas cosas o si ninguna de todas esas cosas pasase? ¿Y si te digo
que lo único que puedes hacer para ser feliz es hacer cosas que dependan
exclusivamente de ti? Es decir, una persona realmente feliz, hace cosas
que internamente la hacen sentirse mejor. Si tienes un trabajo, que te
reporta dinero, y cada día que pasa, te sientes peor, algo pasa. No te
sugiero que dejes el trabajo. Te sugiero que hagas de tu situación un
reto para cultivar tu locus de control interno. A lo que voy es a que te
compres un coche nuevo, que tengas que conseguir una novia increíble o
que quieras comprar la casa de tus sueños son cosas que no dependen
exclusivamente de ti. Y eso es un problema grave. ¿Por qué? porque a
medida que por lo que sea te alejes de esos objetivos, por cosas que no
dependen sólo de ti, te sentirás peor y tratarás de arreglarlo. Y por
experiencia propia nuestra manera de arreglar las cosas en estas
situaciones es parecida a la de un suicida. ¿Qué es el locus de control
interno? Es la percepción de que los eventos que nos ocurren en la vida
son consecuencia de nuestras propias acciones. La percepción de que
somos nosotros y no los factores externos los que controlamos nuestros
sentimientos y nuestras emociones. Las personas que mantienen un alto
locus de control interno se esfuerzan en todo lo que hacen. En cambio,
por lo general la mayoría de las personas somos externas. Es decir,
responsabilizamos de nuestro estado emocional presente a algo que no
está dentro de nosotros. Por ejemplo: «Las cosas con mi chico no
funcionan», «Ella me rehúye y me pone excusas para no quedar», “he
tenido mala suerte en la vida”... todas estas frases tan familiares
obedecen a una baja autoestima. El locus de control externo es perfecto
para personas con baja autoestima ya que no se responsabilizan de sus
actos en la vida. De hecho, en un estudio llevado a cabo por la
Universidad de la Rioja, en España, en futbolistas profesionales y semiprofesionales
para buscar relaciones entre el locus de control y la propensión a
lesionarse, se encontró que los jugadores que tenían un locus de control
externo y atribuían sus circunstancias a factores externos como la mala
suerte, se lesionaban más que los que tenían locus de control interno.
Pero también existe el polo opuesto. Puedes sentirte feliz, y
puedes decir algo como: «Mi pareja me trata genial.» «Aquel viaje me
cambió la vida.» Mentira. La vida la cambiaste tú con tus acciones. Y si
tu pareja te trata genial es muy posible que sea porque tu también
haces lo propio con ella. Volviendo al locus de control interno, hay que
saber que se trata de personas extrañas. Suelen caer mal a veces por no
ser como los demás. Son las típicas que suelen decir no a una cena de
trabajo, pero se apuntan a cualquier cosa que surja espontáneamente
porque les apetece. Por eso es difícil para algunas personas desarrollar
este hábito. Porque tendrás la sensación de ir contracorriente. Estas
personas asumen la responsabilidad de sus actos. No se quejan por
situaciones externas. No se quejan de las circunstancias, sino que las
aceptan y actúan sobre lo que la situación les ofrece. Por supuesto, a
esta gente le da igual lo que otras personas puedan pensar sobre ellos.
Hay que tener claras ciertas cosas para desarrollar un fuerte locus de
control interno: Responsabilízate de lo que sientes. Sé responsable y
honesto con tus emociones. No te responsabilices de que tu padre sea una
mala persona, o de que tu madre muriese demasiado pronto. No te
responsabilices de que tu jefe te grite. No te responsabilices de las
críticas que recibes por llegar tarde a casa. Solo responsabilízate de
lo que sientes y gestiónalo. O como explicaré más adelante, observa el
pensamiento, identifícalo, acéptalo y vuelve a lo que estés haciendo.
Una y otra vez. ¿Cómo puedes hacer esto? Actuando. Comprueba qué
situaciones hacen que te conviertas en un quejica, explora qué cosas
provocan en ti sentimientos de tristeza y simplemente actúa en esas
situaciones de otra manera totalmente diferente a la que sueles actuar.
Por ejemplo, imagina que te gusta mucho una chica. Cada vez que te
cruzas con ella agachas la cabeza. Esto te hace sufrir. O mejor. Imagina
que es una chica que te gusta y que ya habéis hablado alguna vez de
temas triviales. No te atreves a salir de esas formalidades por miedo a
que piense que estás detrás de ella. Pues bien, salta del tiesto. Salta
de tu zona errónea. Te ánimo. Haz algo que nunca hayas hecho antes. Es
decir, en vez de decir: «Hola», di lo que sea que te haga temblar. Como:
«Menudos ojazos tienes (riéndote, porque seguro que tienes cara de
limón cada vez que te cruzas con ella debido a los nervios que estás
reprimiendo), ¿Qué tal?.» Es un ejemplo algo extremo. O quizás no. Pero
con esto quiero que compruebes por ti que puedes cambiar muchas
situaciones de tu vida tomando el control de tus acciones y
pensamientos. Y no hace falta leer ningún libro de cómo ligar, sólo
tienes que hacer algo diferente a lo que llevas haciendo toda tu vida y
comprobar tras varios intentos qué acción te es más efectiva para
aquello que te propongas. ¿Qué hacer con los pensamientos? Este tema lo
abordaré más profundamente en los capítulos «Viven en el presente» y en
«postura y respiración.»
Por ahora debes saber sólo una cosa: “La idea
común es que la motivación lleva a la acción, pero lo opuesto es cierto.
La acción lleva a la motivación”. Robert J. McKain.
Es decir, actúa, que la motivación crece en el momento que llevas 20
minutos practicando. Si no me crees, ten el valor de hacerlo. De momento
aquí se queda este tema sobre los pensamientos. Sé que los pensamientos
son los primeros demonios que tenemos que derrotar. Una de las maneras
de derrotarlos es tomando acción. Pero puede sucederte que, aunque tomes
acción los pensamientos se mantengan en tu mente. Por eso hablaré de la
meditación, de la postura corporal y de la respiración en los últimos
capítulos del libro. Por último y para que sirva de ejemplo de lo que no
es tener control interno voy a mencionar a los fatalistas, los agonías,
los deterministas y a la gente que cree en la suerte. Si llevas toda tu
vida pensando, o crees a veces que en la vida hay gente con suerte y
gente sin ella estás pensando en algo externo. Liberas presión de ti,
pero realmente no estás creciendo ya que responsabilizas a la suerte de
las cosas que pasan en tu vida. Es decir, no te pido que seas más
positivo en la vida, aunque pueda ayudarte. Te pido que trabajes en
cambiar tu locus de control externo en locus de control interno. Eso es
todo. Y lo logras tomando acción. Así te vuelves responsable de lo que
experimentas emocionalmente, de tus pensamientos y de tu comportamiento.
