5. Eleva tu locus de control interno: ámate.


«Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.» ALBERT SCHWEITZER  

Ya sabes que uno de los hábitos de la gente feliz es no buscar la aprobación de los demás. Ahora vamos a desenmascarar otro. Quiérete. Amarse por encima de cualquier cosa puede parecer egoísta, pero no amarse está detrás de muchos problemas mentales y físicos de hoy en día. No amarse puede llevarte a la muerte. Rápida o lentamente, te irá matando. Puede nublar tu visión de las cosas, puede hacer que caigas en adicciones como las drogas, el alcohol o la comida. Sí, la comida. Has leído bien. Hay muchas las personas que han vaciado su ansiedad con comida basura. Ámate con todas tus fuerzas. No hablo de decirte que te quieres al espejo todas las mañanas. Aunque si lo ves necesario hazlo. Quererte significa sentarte de manera que tu cuerpo no sufra dolores de espalda, comer de manera saludable, hacer ejercicio y gustarte en el espejo. Quererte significa potenciarse en todos los sentidos. Por ejemplo, cuando te emborrachas, cuando comes sin fin, cuando te drogas. ¿Te quieres? Hay ciertos hábitos que todos hemos llevado a cabo alguna vez o que incluso veces sin darnos cuenta desarrollamos. Estos que voy a nombrar son grandes destructores de nuestro amor propio: Creer lo que otros dicen de ti. Da igual que sea un superior a tu cargo actual, que sea un dios del inframundo, que sea un unicornio o un perro morado con bigotes de gato. No te lo creas. Normalmente lo que la gente puede decir de ti es algo externo. Es más, realmente, lo que vale es lo que tú te dices y cómo te ves tú, cómo vives las cosas. Da lo mismo lo que la gente piense o diga. 
Creerte la víctima o hacértela. Al igual que insultarte, quejarte por las circunstancias o por algo que te ha pasado es otra pérdida de tiempo. Además de restártelo para mejorar la situación claro. Tenemos recursos suficientes para afrontar situaciones complicadas. Confía en ti. Afronta las situaciones porque no son para tanto. Insultarte. Cuando te descalificas pierdes el tiempo. Te centras en lo negativo, en lo jodido de la situación, en lo estúpido que has sido. Pero esto es perder el tiempo. Cuando falles, dedica el tiempo a preguntarte cómo puedes fallar mejor. Creer que puedes hacer de todo y a todas horas. Esto nos desgasta. Creemos que podremos llegar a esa sesión de Pilates justo cuando acabes de cerrar ese último contrato y justo antes de sacar al perro. Pues no, para. Necesitas periodos de descansos para ser tú mismo. Si no te das descansos te conviertes en un ser obstinado y/o egoísta. Yo podría ser un gran ejemplo de ello. Sé de lo que hablo. La energía es cíclica, viene y va. Si pasamos el día inmerso en actividades exigentes perdemos fuerzas. Y no por cambiar de tarea la energía  va a volver. Lo único que pasa es que acabas haciendo actividades con el «piloto automático». Relacionándote con otras personas con la misma obsesión que tú y luego acabas al final del día preguntándote por qué la gente te mira raro. ¿No será que estás saturado? No amarte implica estar estresado la mayoría de las veces. Conviertes tu vida en una lista de objetivos por cumplir. ¿Te suena esto? Tengo que ahorrar para comprarme ese coche, tengo que formarme en psicología antes de los 23 años, tengo que encontrar un trabajo para pagarme ese máster. Y cuando ya consigues esas cosas, la cosa sigue: tengo que comprarme una casa, tengo que encontrar un trabajo en EEUU, tengo que encontrar novio porque moriré solo…y esto no para. Puedes creer que todo este listado de objetivos vitales es normal y que todo el mundo los tiene. La respuesta es sí. Todos los tenemos. Lo que no tenemos es consciencia de que el tiempo pasa y con él, nuestra vida. Estás pasando de largo por muchas cosas en esta única vida que tienes por la simple tontería de lograr todos tus objetivos a tiempo. Yo te pregunto. ¿qué pasa si alguna de todas esas cosas o si ninguna de todas esas cosas pasase? ¿Y si te digo que lo único que puedes hacer para ser feliz es hacer cosas que dependan exclusivamente de ti? Es decir, una persona realmente feliz, hace cosas que internamente la hacen sentirse mejor. Si tienes un trabajo, que te reporta dinero, y cada día que pasa, te sientes peor, algo pasa. No te sugiero que dejes el trabajo. Te sugiero que hagas de tu situación un reto para cultivar tu locus de control interno. A lo que voy es a que te compres un coche nuevo, que tengas que conseguir una novia increíble o que quieras comprar la casa de tus sueños son cosas que no dependen exclusivamente de ti. Y eso es un problema grave. ¿Por qué? porque a medida que por lo que sea te alejes de esos objetivos, por cosas que no dependen sólo de ti, te sentirás peor y tratarás de arreglarlo. Y por experiencia propia nuestra manera de arreglar las cosas en estas situaciones es parecida a la de un suicida. ¿Qué es el locus de control interno? Es la percepción de que los eventos que nos ocurren en la vida son consecuencia de nuestras propias acciones. La percepción de que somos nosotros y no los factores externos los que controlamos nuestros sentimientos y nuestras emociones. Las personas que mantienen un alto locus de control interno se esfuerzan en todo lo que hacen. En cambio, por lo general la mayoría de las personas somos externas. Es decir, responsabilizamos de nuestro estado emocional presente a algo que no está dentro de nosotros. Por ejemplo: «Las cosas con mi chico no funcionan», «Ella me rehúye y me pone excusas para no quedar», “he tenido mala suerte en la vida”... todas estas frases tan familiares obedecen a una baja autoestima. El locus de control externo es perfecto para personas con baja autoestima ya que no se responsabilizan de sus actos en la vida. De hecho, en un estudio llevado a cabo por la Universidad de la Rioja, en España, en futbolistas profesionales y semiprofesionales para buscar relaciones entre el locus de control y la propensión a lesionarse, se encontró que los jugadores que tenían un locus de control externo y atribuían sus circunstancias a factores externos como la mala suerte, se lesionaban más que los que tenían locus de control interno.  
Pero también existe el polo opuesto. Puedes sentirte feliz, y puedes decir algo como: «Mi pareja me trata genial.» «Aquel viaje me cambió la vida.» Mentira. La vida la cambiaste tú con tus acciones. Y si tu pareja te trata genial es muy posible que sea porque tu también haces lo propio con ella. Volviendo al locus de control interno, hay que saber que se trata de personas extrañas. Suelen caer mal a veces por no ser como los demás. Son las típicas que suelen decir no a una cena de trabajo, pero se apuntan a cualquier cosa que surja espontáneamente porque les apetece. Por eso es difícil para algunas personas desarrollar este hábito. Porque tendrás la sensación de ir contracorriente. Estas personas asumen la responsabilidad de sus actos. No se quejan por situaciones externas. No se quejan de las circunstancias, sino que las aceptan y actúan sobre lo que la situación les ofrece. Por supuesto, a esta gente le da igual lo que otras personas puedan pensar sobre ellos. Hay que tener claras ciertas cosas para desarrollar un fuerte locus de control interno: Responsabilízate de lo que sientes. Sé responsable y honesto con tus emociones. No te responsabilices de que tu padre sea una mala persona, o de que tu madre muriese demasiado pronto. No te responsabilices de que tu jefe te grite. No te responsabilices de las críticas que recibes por llegar tarde a casa. Solo responsabilízate de lo que sientes y gestiónalo. O como explicaré más adelante, observa el pensamiento, identifícalo, acéptalo y vuelve a lo que estés haciendo. Una y otra vez. ¿Cómo puedes hacer esto? Actuando. Comprueba qué situaciones hacen que te conviertas en un quejica, explora qué cosas provocan en ti sentimientos de tristeza y simplemente actúa en esas situaciones de otra manera totalmente diferente a la que sueles actuar. Por ejemplo, imagina que te gusta mucho una chica. Cada vez que te cruzas con ella agachas la cabeza. Esto te hace sufrir. O mejor. Imagina que es una chica que te gusta y que ya habéis hablado alguna vez de temas triviales. No te atreves a salir de esas formalidades por miedo a que piense que estás detrás de ella. Pues bien, salta del tiesto. Salta de tu zona errónea. Te ánimo. Haz algo que nunca hayas hecho antes. Es decir, en vez de decir: «Hola», di lo que sea que te haga temblar. Como: «Menudos ojazos tienes (riéndote, porque seguro que tienes cara de limón cada vez que te cruzas con ella debido a los nervios que estás reprimiendo), ¿Qué tal?.» Es un ejemplo algo extremo. O quizás no. Pero con esto quiero que compruebes por ti que puedes cambiar muchas situaciones de tu vida tomando el control de tus acciones y pensamientos. Y no hace falta leer ningún libro de cómo ligar, sólo tienes que hacer algo diferente a lo que llevas haciendo toda tu vida y comprobar tras varios intentos qué acción te es más efectiva para aquello que te propongas. ¿Qué hacer con los pensamientos? Este tema lo abordaré más profundamente en los capítulos «Viven en el presente» y en «postura y respiración.»

Por ahora debes saber sólo una cosa: “La idea común es que la motivación lleva a la acción, pero lo opuesto es cierto. La acción lleva a la motivación”. Robert J. McKain. Es decir, actúa, que la motivación crece en el momento que llevas 20 minutos practicando. Si no me crees, ten el valor de hacerlo. De momento aquí se queda este tema sobre los pensamientos. Sé que los pensamientos son los primeros demonios que tenemos que derrotar. Una de las maneras de derrotarlos es tomando acción. Pero puede sucederte que, aunque tomes acción los pensamientos se mantengan en tu mente. Por eso hablaré de la meditación, de la postura corporal y de la respiración en los últimos capítulos del libro. Por último y para que sirva de ejemplo de lo que no es tener control interno voy a mencionar a los fatalistas, los agonías, los deterministas y a la gente que cree en la suerte. Si llevas toda tu vida pensando, o crees a veces que en la vida hay gente con suerte y gente sin ella estás pensando en algo externo. Liberas presión de ti, pero realmente no estás creciendo ya que responsabilizas a la suerte de las cosas que pasan en tu vida. Es decir, no te pido que seas más positivo en la vida, aunque pueda ayudarte. Te pido que trabajes en cambiar tu locus de control externo en locus de control interno. Eso es todo. Y lo logras tomando acción. Así te vuelves responsable de lo que experimentas emocionalmente, de tus pensamientos y de tu comportamiento.