Si.
Créelo. Esa postura que ahora tienes con los hombros echados hacia
delante como si la vida te hubiese castigado por tirar cáscaras de pipas
al suelo te limita profundamente. Cuando adoptamos un lenguaje corporal
apagado, nos apagamos. Así funciona nuestro inconsciente. En principio
podemos creer que eso no influye nada en cómo podemos sentirnos, pero la
realidad es que determinadas posturas en determinadas situaciones
pueden limitar nuestras actuaciones y nuestra forma de comunicar. Como
bien explica la psicóloga Amy Cuddy
en una de sus recientes charlas en TED, cambiar nuestra postura de
perdedor a una de ganador puede hacernos brillar en situaciones
complicadas. En la charla, ella misma relata apoyándose en su propia
experiencia y en una laboriosa información obtenida con años de
investigación que adoptar una postura de poder puede influir de manera
notable en tu desarrollo posterior de cualquier actividad. Es importante
mantener un buen tono corporal porque mandamos mensajes positivos a
nuestro cerebro de que estamos preparados pese a los nervios. No es lo
mismo afrontar una entrevista de trabajo con los hombros caídos, las
manos inquietas y la cara más aplatanada que la de una cabra. Es
importante aquí el actuar hasta serlo. Pero sin exagerar, simplemente
adoptando la posición de poder más acorde a tus características
personales. ¿Cómo puedo adoptar una postura de poder? Es muy sencillo,
además el cuerpo tarda relativamente poco en acostumbrarse. Lo malo, que
vas a tener que ser constante por lo menos durante tres semanas. La
manera más sencilla es echar los hombros hacia arriba, intentando tocar
tus orejas. Una vez ahí, desplázalos hacia atrás y una vez atrás bájalos
hacia abajo juntando los omóplatos. Para mi este ejercicio es algo
artificial y complicado de mantener durante mucho tiempo asi
que te voy a proponer algo más sencillo. Trata de tocar codo con codo.
Es decir, al estar erguida o erguido intenta que tus codos se toquen por
detrás de tu espalda. Esto como podrás comprobar es imposible , pero es
una gran manera de darte cuenta de cómo está tu postura. Si tus codos
están muy separados en tu posición de parado el uno del otro,
seguramente tengas los hombros echados hacia adelante. Es fácil acercar
los codos. Eso sí, mantén relajados los hombros. Respira profundo o no
por el abdomen, pero procura respirar hinchándolo y deshinchándolo.
Mantén la postura de los codos al comer y al estar sentado, es
importante que la mantengas en todos los momentos posibles. Repito que
cambiar la postura va en función de tus características. Puede que no
necesites más que pequeños retoques o bien que necesites hacer un
trabajo a fondo. Sea como sea, se puede. Apuntarte a clases de teatro
donde presten especial atención a la improvisación y al desarrollo de la
expresividad corporal puede ahorrarte mucho tiempo. Es un consejo.
Además, si eres timido o timida,
no veo otro sitio mejor que un teatro, con personas desconocidas, para
soltarte y aprender a ser tu mismo potenciando tus habilidades
corporales al tope de sus posibilidades. Hacer ejercicios de rotación de
hombros, practicar yoga y ejercitarte haciendo flexiones y dominadas
también contribuyen de manera eficaz a dotar a tu postura de un toque
natural. De hecho, es realmente la meta. Queremos tener una postura
firme, natural y que nos genere buen estado de ánimo. La respiración es
realmente lo más importante para hacer todo lo demás. Es el último
elemento de este libro, y eso no es una casualidad. Debes empezar a
explorar tu respiración y a usarla en tu favor. Respirar es un proceso
por el cual entra oxígeno en nuestro cuerpo y por el que sale dióxido de
carbono del mismo. La respiración lleva con nosotros desde que nacemos,
nos permite estar con vida y lo mejor es que no hace falta estar
pendiente de ella. Pero actualmente, por situaciones traumáticas o por
simples vicios, nuestra respiración se puede volver en nuestra contra.
Podemos empezar a respirar por el pecho debido a situaciones que nos
generan ansiedad e incluso podemos sufrir taquicardias o infartos si nos
dejamos secuestrar por la mente. Si dejamos que la mente tome los
mandos de nuestra respiración de manera automática y sin control
atencional por nuestra parte, podemos llegar a situaciones realmente
difíciles. Respirar, hay que respirar desde el abdomen. Esto no es
negociable. Si estás ahora mismo respirando y notas que el abdomen no se
hincha y deshincha, te propongo que lleves el aire que respiras hacia
allí y que lo expulses al exterior desde ahí. Y esto sí que es
innegociable. Deberían enseñarnos a manejar la respiración en el
colegio. Lamentablemente prefieren enseñarnos a diferenciar un verbo
transitivo de un intransitivo. También esta respiración es conocida como
diafragmática y es la que utilizan la mayoría de los actores y grandes
oradores del mundo. Es el sitio donde se apoyan para poder hablar
fluidamente durante largos periodos sin apenas notar gasto energético en
ello. Y es que otra de las razones por las que es innegociable respirar
por el abdomen es la ganancia de energía que obtenemos con ello. En un
estudio llevado a cabo en la Universidad de Barcelona; se comprobó los
beneficios que obtuvieron personas que se dedicaban al canto de respirar
o no por el abdomen. Enlace ¿No te ha pasado que después de un largo
periodo hablando con gente o a un público te sientes agotado? Si no te
ha pasado perfecto. Seguramente respires adecuadamente. SI te ha pasado
es muy normal. Tus emociones te llevaron en algún momento a respirar por
el pecho y ahí se quedó la respiración mientras tu ibas notando que te
faltaba el aire cada vez que querías decir algo. Por último y no más
importante, relaja el abdomen. Debido al estrés continuado y a
situaciones dolorosas el estómago se endurece, se pone tenso. Es muy
normal que la mayor parte del tiempo notes tensión en la tripa. Esto es
una manera de protegernos. El cuerpo piensa que así nos protege del
peligro externo. Lo que pasa es que esto solo nos limita. Ya que hace
que el aire que respiramos sea insuficiente y por lo tanto no podamos
respirar como de verdad podemos hacerlo.
