Los japoneses creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso, por eso reparan objetos rotos rellenando sus grietas con oro o plata (kintsukuroi).
En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran,ya que ahora se han convertido en prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia: La capacidad de recuperarse y hacerse más fuerte.
Esto mismo pasa con las personas.
El arte humano de rellenar con oro las grietas por el dolor y juntar los pedacitos de nuestro corazón es la resiliencia.
En ocasiones, la vida nos pone a prueba obligándonos a superarnos y a mostrarnos fuertes, incluso más de lo que pensamos que podemos llegar a ser. Existen un sinfín de circunstancias y situaciones que se cruzan en nuestro camino y nos hacen tropezar. A veces, con un pequeño salto conseguimos esquivar la piedra que ha torcido nuestro pié. A veces, caemos y nos levantamos rápidamente para seguir hacia adelante. Pero, a veces, aterrizamos de un planchazo contra el suelo y sentimos que hemos llegado a nuestro límite. Allí, tumbados en el suelo, nos parece imposible juntar la energía suficiente para volvernos a poner en pié. El corazón hecho añicos, lágrimas en los ojos y una dolorosa sensación de no saber cómo encontrar una solución. Ya no queda nada y parece que todo está perdido.
Pero siempre podremos levantarnos y seguir adelante. Nuestra capacidad de sobreponernos ante cualquier situación, por difícil que sea, es tremendamente enorme. Puede que tardemos un poco más, puede que nuestro corazón necesite un tiempo más. Pero, como hemos hecho siempre, lo conseguiremos. Y saldremos aún más fortalecidos. Esto es la resiliencia, la capacidad de sobreponernos a esos días grises interminables, a las injusticias, a la tristeza, a las adversidades, a la soledad, a todo ese dolor. Y no sólo eso, si no que, además, aprendemos de ello y crecemos, igual que los robles más fuertes con el viento en contra.
Tumbados, llenos de polvo, con raspones por la caída… Así parece muy difícil encontrar una salida. Pero cuando empezamos a superar, cuando nos levantamos, todos y cada uno de los pedacitos de nuestro corazón vuelven a unirse con un oro llamado amor.
Si no sabes qué hacer, ama. Si no sabes por dónde empezar, ama. Si no sabes cómo seguir, ama. Porque el amor todo lo puede, lo cura y lo repara. Y, cuanto más amor demos, más amor llenará nuestra vida.
A veces, en mitad de ese difícil remolino, lo único que necesitamos para superarlo es saber que, a pesar de todo, siempre nos quedará el amor.
Compártelo