Una cualidad o virtud que todos tenemos y que se utiliza poco es la amabilidad. Sí, el simple hecho de ser amable con los demás.
El cómo surgió este don en nuestra especie se remonta a hace más de 46000 años, cuando llegó el homo sapiens a la Europa de la era glaciar y se encontró con que no estaban solos, que no eran los primeros.
Ya había otras especies, como los Neandertales, que habitaban estas tierras y que eran mucho más fuertes que nuestra especie, y tan inteligentes o más que nosotros.
Y ahora viene la pregunta:
¿porqué se extinguieron ellos y no nosotros? Pues debió ser algo multifactorial, es decir, por múltiples factores, pero creo que lo más determinante fue la prosociabilidad, definida en neurobiología como amigabilidad o amabilidad, que es la capacidad de cooperación y de colaborar, sin esperar beneficios personales.
Los Neandertales dentro de su grupo eran colaboradores, pero con otros grupos de su especie no, y se peleaban entre grupos a muerte. Y los sapiens no éramos así, nosotros si colaborábamos con otros grupos de sapiens, sobre todo si existía un objetivo común. Así se transmitían el conocimiento y la información, de tal forma que la cultura podía crecer y desarrollarse exponencialmente. Lo que nos otorgó una ventaja evolutiva. Es por lo que hoy seguimos aquí y los neandertales no.
Es por ello que la amabilidad no solo es un trato ingenuo y cariñoso, sino que es una estrategia de supervivencia, donde todos ganan, los que son amables y los que reciben el gesto.
Como la amabilidad puede hacernos más felices y hasta alargar la vida
Si eres amable con otra persona te estás haciendo un bien a tí y estás generando un bienestar al otro, un bienestar emocional. Según la neurociencia el bienestar emocional está profundamente influenciado por hormonas, como la serotonina, dopamina, y oxitocina.
La serotonina, conocida como la "hormona de la felicidad", regula el estado de ánimo, el sueño y el apetito. Niveles bajos de serotonina pueden estar asociados con trastornos del estado de ánimo como la depresión. La dopamina está relacionada con la motivación, el placer y la recompensa, niveles altos pueden generar sensaciones de felicidad y satisfacción. La oxitocina, también conocida como la "hormona del amor", se libera durante el contacto físico y promueve sentimientos de cercanía y bienestar emocional.
Todas estas hormonas te hacen más feliz y hacen que tu cuerpo padezca menos enfermedades, incluso ayuden a sanar algunas que ya se padecen. Así que la amabilidad te puede ayudar a vivir más años y mejor.
Si no eres amable, eres antipático o un desagradable. Así, cuando uno entra en un ascensor y no saluda, está ejerciendo cierta agresividad hacia los demás. Una agresividad velada, mínima agresión, pero sí una conducta algo despreciativa.
Las personas que ejercen este tipo de conducta suele ser porque tienen, normalmente, una autoestima limitada, por timidez o por su carácter, y van generando un microambiente hostil a su alrededor que termina en interacciones negativas que fomentan todo tipo de comportamientos negativos, y que va provocando relaciones tóxicas, con resentimientos, incomodidades y, sobre todo, las ganas de devolver esa misma hostilidad. Suelen ser personas que han estado sometidas a mucho estrés, algo insaludable a todos los niveles, sistémico, corporal y neuronal, debido a la liberación del famoso cortisol.
Otras personas suelen ser menos amables, simplemente por vergüenza, debido a su timidez y baja autoestima.
Cada día se generan nuevas neuronas en el hipocampo y en otras zonas del cerebro, es un fenómeno llamado neurogénesis.
El hipocampo es una estructura esencial para la memoria, el aprendizaje y para el bienestar emocional. Entonces cuando estamos sometidos a mucho estrés, el cortisol impide la neurogénesis y genera otro proceso, que es la apoptosis, este proceso destruye tanto las células nuevas como algunas existentes. Esto hace que nos cueste más memorizar y aprender, además de que seamos menos felices. Por esta destrucción de neuronas, el hipocampo se reduce y se hace más delgado.
Pero es que además, en periodos de elevado estrés se libera otra proteína, el fibrinógeno, esta proteína es utilizada para taponar las heridas corporales.
A lo largo de la evolución, el sistema neurológico en prevención, ante un peligro, se produce un periodo de estrés y se comienza a liberar el fibrinógeno para taponar las posibles heridas que por una posible confrontación se pudiera producir y así evitar el desangrado. Pero con el tiempo, el ser humano ha llegado a estresarse sin que exista un peligro real. Entonces, lo que no logra distinguir el sistema es si el estrés se ha producido por enfrentamientos o simplemente por preocupaciones sobre cuestiones que no tienen por qué suceder. Así que debido a este proceso los fibrinógenos quedan en la sangre sin encontrar heridas que taponar y generando coágulos, éstos circulando en el torrente sanguíneo cuando encuentran un vaso sanguíneo más estrecho que ellos, lo taponan. Y si éste ocurre en arterias del corazón puede provocar un infarto de miocardio, y si ocurre en algunas de las arterias del cerebro podrían provocar un ictus.
Bien, pues todo esto las personas amables lo han evitado directamente, se evitan esté estrés y por tanto pueden vivir más. Además la amabilidad libera una serie de sustancias, como son las endocannabinoides y opioides endógenos, que entre otras cosas, producen felicidad, anandamida. ¿Quiere decir esto que las personas amables no van a sufrir enfermedades? Desgraciadamente no, solo van a tener menos probabilidad de desarrollarlas.
Así que merece la pena ser amable, y además no cuesta nada, es gratis.
¿Se puede aprender a ser amable?
A veces una persona tímida puede parecer antisocial o antipática, pero nada más lejos de la realidad, porque en realidad esa persona está deseosa de comunicarse abiertamente con los demás, aunque por distintos motivos no pueda. Entonces, esta persona al ser considerada por los demás antisocial o antipática le genera a su alrededor un microambiente de hostilidad y negatividad. Y esta persona que solo padece de cierta timidez, y que tiene una valoración de sí misma algo disminuida, y a veces negativa, se vuelve a generar interacciones negativas porque las ven como antipáticas. Y así se convierte en un círculo vicioso que van en aumento. Hasta que un día esta persona descubre, la prosociabilidad, es decir, los vocablos de cortesía básicos, como "hola" "buenos días"... Y lo hace con el tono adecuado, porque antes también lo hacía, pero tan suave o cabizbajo que los demás ni le oían. Entonces cuando lo hacen de forma correcta, con una sonrisa, se les abre un mundo de interacciones positivas con los demás, lo que provoca una nueva valoración de estas personas hacia ellos y son mejor aceptadas y descubren
un mundo que desconocía. Convirtiéndose esta vez en un círculo virtuoso, porque cuanto más amable, mejor valoración respecto al grupo y así se consigue un entorno de amabilidad. Parece algo complicado, pero con propósito y el tiempo se puede conseguir. No es fácil salir del estado de timidez, pero si se supera, se producirá un ambiente de bienestar entre las personas que se encuentren en su camino.
Por otro lado, está lo que se llama la "indefensión aprendida" descubierta por el sicólogo de la universidad de Pensilvania
Matin Seligman, con un experimento con perros, que hoy estaría prohibido. Y demuestra que cuando te acostumbras a que no puedes hacer nada para evitar algo dejas de intentarlo.
Entonces cuando eres amable y te castigan sin más, una y otra vez, puedes caer en esa indefensión aprendida. Y llegas a decirte: "no se puede ser amable, porque si eres bueno, te toman por tonto y se aprovechan de ti". Y esto es como lo que decía el Principito, si te pinchas en un rosal no vas a odiar a todas las rosas.
Hay que pensar que es una minoría la que es antisocial, y te puede hacer daño. Así que como el resto de la gente como se merece la amabilidad, hay que dársela. Y a esos pocos que no se la merecen se la llevarán de regalo. Porque lo que sí debemos ser siempre es educados con todos. No debemos perder nunca la educación.
De esta manera si vamos con amabilidad por delante nos lo van agradecer y lo vamos agradecer.
La sonrisa como señal de confianza y control
Si llegas a otro país donde no conoces el idioma y regalas una sonrisa se establece una comunicación. Además la sonrisa ejerce efectos muy poderosos en el cerebro:
Empezando por la activación de las neuronas espejo en la persona a la que sonríes. Es decir, que cuando vemos una acción en otros, a nosotros se nos activan las mismas neuronas como si hiciéramos la misma acción. Si vemos a alguien llorar se nos despierta algo de tristeza.
Si vemos pegar a alguien solemos sentir dolor y pena. Pero al contrario, si nos sonríen o ríen delante nuestra se despierta una gran alegría y bienestar. Entonces cuando regalamos una sonrisa a alguien le estamos dando un aliento de felicidad o bienestar emocional, quiera esa persona o no.
Por nuestra parte, al sonreír también vamos a recibir un chute de bienestar, por la llamada retroalimentación facial, así que cuando sonreímos, el cerebro que monitoriza todos nuestros micro gestos y gestos, se percata de que estamos felices, lo que desencadena la liberación de neurotransmisores de felicidad.
Por otro lado, el ser humano sobrevive por actuar en grupo, y dentro del grupo siempre hay jerarquías. Entonces, qué ocurre al individuo que se encuentra fuera? Lo va ha pasar mal, incluso no sobreviviría en otras épocas. Este miedo a la soledad produce en el cerebro un miedo atávico. Es entonces cuando una sonrisa es algo mágico en ese momento, porque significa que eres bien recibido por esa persona y eres aceptado en el grupo. Y no hay nada que tranquilice más al cerebro que una bienvenida, te relajas. Ese es el poder de una sonrisa.
Aunque se puede pensar que hay ciertas personas que no encajan en ningún grupo, eso no es cierto. Puede ocurrir el efecto rebaño o manada, es decir, que el individuo se piense que grupo sabe algo que él no sabe. Por genética pensamos que el grupo siempre tiene razón y esto da lugar a intentar cambiar nuestra forma de pensar. Error. Si no te aceptan en el grupo, adiós y te buscas otro afín a tus ideas, sin dejar de sonreír, por supuesto. Sin dejar de ser prosocial y amable.
Vivimos en un mundo super interconectado y en algún momento nos parece que no necesitamos a los demás, que somos autosuficientes. Y nada más lejos de la realidad, a nadie le gusta ser el menos valorado del grupo, entonces la pro-sociabilidad y la amabilidad es el camino más corto para incrementar la valoración y aceptación del grupo.
En un mundo evolutivo como es este, todo cambia, y si hay algo constante, es el cambio. Y solo sobreviven los que mejor se adaptan a esos cambios, no los más inteligentes ni los más fuertes. Esta adaptación evolutiva se produce gracias a la pro-sociabilidad y a la amabilidad, que son los principales factores para la reproducción. Incluso en un ambiente de gran competitividad como es nuestra sociedad, ser prosocial es una ventaja sostenible, porque cuando el líder es amable consigue tener al grupo más implicados y más motivados. En el mundo empresarial se incrementa la productividad y el bienestar de cada uno.
Vemos a gente que siendo agresivos logran tener éxito en los negocios. Normalmente la agresividad es una elección poco consciente. Un ser agresivo es alguien que tiene una escasa percepción de si mismo, autoestima baja y una valoración reducida dentro del grupo. Entonces si ve amenazas por todas partes trata de defenderse o protegerse de alguna manera, y lo hacen con agresividad. Por ello estas personas son las que más ayuda necesitan.
Este tipo de persona aunque consigan tener éxito en la vida, suele durarle poco, porque más pronto que tarde el grupo le dará de lado y finalmente terminan solos o en compañías de individuos de su misma clase.
Autocontrol para situaciones complicadas
Nuestro cerebro dispone de un límite (filtro) para soportar y contener nuestra ira, que es la corteza prefrontal, pero ¿Qué ocurre cuando nos enfadamos mucho o sobrepasamos este límite? entonces ocurre lo que se llama el 'secuestro amigdalino'. Las amígdalas cerebrales son las responsables de la formación
de emociones primarias, especialmente las negativas como el miedo. Se encargan de asignar contenido emocional a las experiencias y coordina las respuestas fisiológicas a estas emociones.
Modula las respuestas al estrés y controla conductas motivadas, lo que incluye la preparación del cuerpo para reaccionar ante
situaciones amenazantes.
Entonces para evitar problemas cuando ocurre este secuestro lo mejor es evitar una respuesta inmediata, es conveniente esperar (contar hasta diez) o irse, y responder cuando estemos más calmados. También se puede utilizar la técnica de etiquetado emocional, esto es decirse a uno mismo: "estoy muy enfadado", cuando te dices eso tomas conciencia y se vuelve a activar la corteza prefrontal.
En otras situaciones en que nos sacan de quicio, lo que se puede hacer es, por ejemplo, una negación con la cabeza, como muestra de disconformidad. Es una pequeña válvula de escape a la que debemos ir acostumbrándonos, y finalmente funciona.
Falta de sueño, un factor negativo para ser amables
Cuando no dormimos o dormimos poco, nos creamos ciertos problemas fisiológicos. Porque durante el sueño se produce la limpieza de los vasos glinfáticos. Y respecto a la amabilidad e inteligencia social se descubrió una cosa curiosa, y es que disponemos de una red de cognición social. O sea, dentro de nuestro cerebro hay una serie estructuras interconectadas que son la base de la inteligencia social. Así que cuando perdemos horas de sueño, debemos tener en cuenta que perdemos conexiones en esta red, lo que nos hace ser menos empáticos y más irascibles, saltamos a la mínima de cambio, además nos hacemos menos propensos a colaborar con los demás.
Entonces, dormir es crítico, hay que dormir. Pero ¿cuanto? Pues depende de cada individuo. Para calcularlo podéis hacer lo siguiente, cuando estéis descansados de unas vacaciones, probáis una semana durmiendo sin despertador y esperar a despertar según vuestro reloj biológico. Al final de la semana calculáis la media de sueño, y esas serán las horas que vuestro cuerpo y cerebro necesita dormir.
Hay dos elementos que son incompatibles con el sueño, una es el movimiento, con un cuerpo en movimiento es difícil conciliar el sueño. Y si no estamos lo suficientemente relajados y el cerebro detecta micro movimientos será imposible dormirse.
Y lo otro incompatible con el sueño son los pensamientos. Durante la noche se activa la amígdala (por el instinto animal de protección), y cuando ésta se activa lo magnífica todo y lo hace siempre a peor. Entonces si os llega un pensamiento, lo exagerados tanto que empezamos a rumiar y a darle vueltas, viéndolo todo tan mal, que nos es imposible volvernos a dormirnos.
Para evitar estos pensamientos intrusivos hay que hablar al cerebro, diciéndole que te deje en paz, y que mañana no parecerá así y todo será mejor. Otro método es obligar al cerebro a no pensar, para esto tienen que pensar en solo una cosa, que es 'no pensar' repitiendo una y otra vez esta locución. Hay otras opciones, como pensar en algo relajante o meditar.
Así que dormir lo suficiente es algo importantísimo, ya que en ese proceso es cuando se consolida todo lo visto y sentido durante el tiempo que estamos despiertos.
La autoconfianza y el entorno social
En el mundo en el que vivimos, demasiado a menudo, colocamos el piloto automático y nos dejamos llevar por presuntas cualidades ajenas a nuestra voluntad como la inteligencia. Pues bien, aunque ser inteligente está muy bien. No tiene ningún mérito según el experto en psicología Víctor Küppers, puesto que depende de que hayas nacido así, no de tus esfuerzos.
Por eso, nos invita a hacer el ejercicio de admirar aquellas virtudes humanas que nacen del empeño de cada quien por convertirse en una buena persona, empatizar y ser amable con los demás. Ser inteligente o no, es una lotería genética; sin embargo, la bondad parte de un esfuerzo diario y mantenido en el tiempo que debemos trabajar conscientemente.
En la sociedad actual admiramos cualidades equivocadas como pueden ser los títulos académicos que acumulamos, el puesto directivo que ocupamos o la cantidad de dinero en la que nos movemos. Y también la inteligencia parece haberse convertido en una característica digna de ser admirada, "cuando en realidad es algo que no depende de nosotros, sino que es una lotería genética que no requiere de ningún esfuerzo deliberado".
No admiramos a alguien por ser alto o bajo, puesto que se tratan de rasgos o atributos que no tienen ningún mérito en absoluto por su parte, no han intervenido en ello, sino que viene 'de nacimiento', no es algo conseguido con esfuerzo, sino simplemente genética. Algo parecido sucede con la inteligencia. Aunque por supuesto puede trabajarse, es algo con lo que nacemos (o no), es cuestión de suerte. Si admiramos la inteligencia, estaremos dando crédito a algo que no ha elegido la persona, ni se ha esforzado en conseguir y mejorar. Pero sí debemos admirar o aplaudir a que el otro sea buena persona. Lo que el experto en psicología propone es "admirar si eres buena persona, porque eso ha supuesto un esfuerzo". Siguiendo en esta línea, el comunicador comparte la fórmula del valor personal auténtico, que tiene como parámetros los conocimientos (lo que sabemos); nuestras habilidades (aquello que sabemos hacer); y, sobre todas las cosas, la actitud (cómo nos enfrentamos a la vida).
Eso sí, querer ser una buena persona debe ser un acto consciente que se trabaje día a día: la amabilidad, el deseo de ayudar a los demás, tratar bien nuestros semejantes, escuchar y obrar en consecuencia… el respeto por estos principios es lo único que realmente tiene valor. Así que siendo genuinos y auténticos podremos entrar en sus corazones.
La sociedad que hemos creado, por la condición humana, nos hace estar midiéndonos constantemente con todos. Con tendencia a sobreestimar a otros y a subestimarnos a nosotros mismos.
Pensamos que los demás tienen algo que nosotros no tenemos o que los demás tienen más suerte que nosotros, o que son mejores.
Pero, lo cierto es que todos tenemos las mismas inquietudes y los mismos miedos. Son cerebros que funcionan de igual forma y que han vivido situaciones muy parecidas, con miedos a no ser aceptado, a no ser suficientemente buenos, a no ser valorados... porque las personas que demuestran creer en sí mismas suelen ser respetadas por los demás. Entonces tenemos que desarrollar algún tipo de estrategia para sobrevalorarnos. Y una de ellas es la agresividad, como ya hemos comentado. Y otra es la hipercompetitividad, es decir, intentar sobresalir en todo lo que hacemos. Algo que también es erróneo porque nos convertiremos en personas arrogantes y prepotentes.
Lo mejor es no caer en ninguno de estos comportamientos, sino tratar de ser personas humildes, esa es la mejor prueba de autocontrol. Y lo que es cierto es que todos amamos a las personas con humildad intelectual.
Si somos amables con todos tendremos todas las ventajas para caer bien en todas partes. Porque hay que pensar que en verdad nos enfrentamos con otros seres humanos que son iguales a nosotros, con las mismas vergüenzas, los mismos pudores y los mismos temores. Y como todo el mundo busca interacciones positivas y todos estamos faltos de afecto, todos nos necesitamos.
Cuando una persona tiene autoconfianza, posee creencia en sus propias capacidades, ideas y sentimientos, lo que le permite expresarse y actuar con seguridad y respeto en sus interacciones con los demás.
La amabilidad es una luz suave que alumbra al verdadero camino hacia la felicidad y el bienestar, así si somos amables acabaremos siendo felices.
"Nadie es más fuerte que la persona que, aun sabiendo cómo es el mundo, eligió ser amable."
