La ley del silencio

ley del silencio 

Discutir es inevitable.
En cualquier relación, tensiones cotidianas, malentendidos y diferencias pueden dar lugar a pequeñas discusiones o enfrentamientos. Es imposible pasar tanto tiempo con alguien y que nada te moleste del otro. El problema viene cuando la discusión se convierte en la ley del silencio.

Lo primero que cabe destacar en estas situaciones, es que no es tu culpa que la otra persona te deje de hablar. En muchos casos, el problema está en cómo se interpreta la situación. Normalmente “Estas personas se sienten decepcionadas, heridas, atacadas o traicionadas”. Pero no quiere decir que seamos nosotros, la otra parte, la que la hayamos decepcionado, herido, atacado o traicionado. 

El silencio, aunque sea doloroso, no siempre se usa como arma, no siempre busca hacer daño.  Hay personas que utilizan el silencio “para tratar de evitar conflictos” porque “consideran que será mejor retomarlo más adelante cuando las cosas se ‘enfríen’”.

Puede ser una buena opción durante el momento más álgido del enfado, que nos vuelve más impulsivos y menos reflexivos. Sin embargo, cuando el silencio se alarga, puede deberse a que la persona en cuestión no sepa cómo tratar el problema “sin intensificar más la conversación”. 

Silencio como castigo 

Aunque cabe la posibilidad de que el silencio sea estratégico, como un castigo, y es innegable que hay quienes usan estos silencios para herir a los demás. El silencio es una forma de castigo, porque como seres humanos necesitamos el contacto con el otro. Necesitamos comunicarnos, expresarnos y sentirnos comprendidos. Con el silencio, negamos la conexión.

Podemos pensar que con su silencio “nos están dando una lección”, usando la técnica “castigadora, pensando en que así aprenderemos y la situación pasada que propició su malestar no se repetirá”.

Aunque esta técnica puede ser contraproducente porque puede romper la sensación de seguridad y confianza en la relación. Ninguna persona debería castigar a otra. El diálogo abierto y asertivo es siempre la mejor alternativa. 

Porque esto del silencio como reacción al enfado, puede ser un signo de bajo nivel de madurez.

Las personas que dejan de hablarte cuando se enfadan suelen tener “escasa tolerancia a la frustración, incapacidad para gestionar sus emociones adecuadamente, inmadurez e inseguridad (independientemente de la edad cronológica) ”.

En definitiva, son personas que no han aprendido a gestionar el enfado de otra manera, y actúan con el silencio no por estrategia, ni por castigo. Simplemente, lo hacen porque no conocen otra forma de reaccionar. 

O Pueden ser manipuladores

Hay una opción algo más preocupante, y es que esta reacción surja desde un perfil manipulador. En este caso, el silencio se convierte en un medio para un fin: conseguir que hagas lo que esa persona quiere. Puede ser disculparte por algo que no es malo en esencia, cambiar tu conducta, o conseguir que le des algo que le has negado. El punto es usar la incomodidad del silencio para, con el añadido de la culpabilidad, conseguir que cedas.

Estas personas son conscientes de que con la ley del silencio llega un profundo sufrimiento y malestar, que desencadena pensamientos negativos y recurrentes, así como una profunda sensación de culpa.

Por suerte, tienes armas para acabar con la ley del silencio. Aborda el tema con asertividad, actúa como si nada, o que te indique cuando está preparado para hablar. Y si lo que recibes a cambio es más pasivo-agresividad o intentos de manipulación, quizá sea hora de replantearte tu relación con esa persona.


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