Nietzsche: "Hay una ceguera más peligrosa que no ver… y casi nadie se da cuenta"
¿Y si aferrarte a tus ideas no te hiciera más fuerte, sino todo lo contrario? El lúcido Nietzsche apunta que el mayor motivo de ceguera en la humanidad es asumir la perspectiva como una verdad absoluta.
El filósofo Friedrich Nietzsche nos da una valiosa lección sobre humildad intelectual.
Qué sencillo resulta caer en la trampa de las ideas. Cuando nos enfrentamos a la famosa ilusión óptica del pato y el conejo, por ejemplo, somos capaces de defender con rotundidad que solo la versión que nosotros vemos de la imagen es real.
Un caso más evidente expone el famoso caso del vestido azul y negro o dorado y blanco. ¿Con cuánto fervor defiendes tu visión de los hechos?
Pero lo cierto es que, como decía Nietzsche, en este mundo no existe la pura verdad. Aunque necesitamos ciertas certezas para manejarnos en el mundo. Y hasta llegamos a identificarnos tanto con nuestras ideas que llegan a formar parte de nuestro ego. Pero si no somos capaces de poner en cuestión nuestra perspectiva y abrirnos a otras formas de ver las cosas, caemos en la trampa de ser ciegos frente a los demás.
La ceguera más peligrosa no afecta a los ojos.
Cuando nos aferramos tanto a nuestra perspectiva que ignoramos por completo la contraria, empezamos a sentir que una opinión diferente a la nuestra es un ataque.
“La ceguera más peligrosa es creer que tu perspectiva es la única realidad”, decía el pensador alemán. El problema es que la mayoría no se da cuenta. Como decíamos, cierto nivel de identificación con nuestras ideas es necesario para conformar nuestra identidad. “Me gusta el color rojo” puede parecer una idea simple, pero ofrece cierto consuelo a la inexorable pregunta: “¿quién soy?”. Las certezas, como nos diría Descartes, son necesarias. Todos necesitamos algo a lo que aferrarnos, aunque sea a su diminuto “pienso, luego existo”.
El problema, nos diría Nietzsche, es que en el mundo no existen las llamadas “verdades absolutas" e identificarnos en exceso con nuestras ideas puede llevarnos al fanatismo, la forma más peligrosa de creencia. Cuando nos aferramos tanto a nuestra perspectiva que ignoramos por completo la contraria, empezamos a sentir que una opinión diferente a la nuestra es un ataque, una ofensa. El otro, por tanto, se convierte en enemigo. Si extrapolamos esto a nivel mundial, acabamos en una situación como la del presente, completamente polarizada.
El peligro de las verdades absolutas
Creer que tienes la verdad absoluta te impide conectar con los demás.
Esta ceguera de la que nos advierte Nietzsche permea también en el ámbito de las relaciones, haciéndonos ciegos hacia los demás. Solo si somos capaces de reconocer al otro como un ser interesante, con perspectivas diferentes a las nuestras, pero igualmente válidas, podremos conectar realmente.
De hecho, nos diría Nietzsche, esta ceguera causada por la asunción de que nuestra perspectiva es una verdad absoluta puede ser aún más peligrosa si la mantenemos en el tiempo. Y es que mientras no seamos capaces de desafiar nuestras ideas del mundo, jamás podremos crecer.
La enseñanza de la caverna de Platón
La Caverna de Platón sugiere que, cuando crees que tu verdad es la única, dejas de ver todo lo que hay fuera por descubrir.
Imaginemos la clásica parábola de la caverna de Platón, aunque a Nietzsche probablemente le molestaría la comparación. En la parábola, el hombre que sale advierte a quienes permanecen que lo que ven en la pared son tan solo sombras de un mundo completo que espera fuera de la caverna. Pero incapaces de desafiar su perspectiva (el mundo es esta caverna), sus congéneres se niegan a escucharlo. De igual manera, asumir que nuestras perspectivas son verdades absolutas nos impide ver que afuera hay un mundo inmenso por descubrir.
Llama la atención, nos explicaba el filósofo Omar Linares en una entrevista concedida a Cuerpomente, que en pleno siglo XXI sea tan complicado aceptar lo que dice el otro como cierto, pero seamos incapaces de cuestionar nuestras propias verdades.
Rescartar a los escépticos
Los filósofos escépticos venían a decirnos: "no te fíes de tus propias creencias y cuestiónalas".
En la sociedad de la desconfianza, Victoria Camps plantea precisamente esta sensación constante de sospecha que sentimos hacia los demás. Todo nos parece cuestionable, todo parece mentira. Ya ni siquiera podemos saber si un video es real o está hecho con IA.
Pero cuanto más incierto nos parece el mundo, más nos aferramos a nuestras propias percepciones. Es por eso por lo que, en su libro, La consulta del filósofo, Linares rescata y reivindica a los grandes olvidados: los escépticos. “En una época en la que empieza a estar de moda defender ideas terroríficas sin el más mínimo argumento y con el mayor de los convencimientos, una escuela de filosofía que viene a decirnos ‘no te fíes de tus propias creencias y cuestiónalas’, es fundamental”, asegura.
4 consejos para Vencer la "ceguera"
Estas 4 claves te ayudan a cuestionar tu propia percepción de la cosas para poder crecer y conectar con los demás.
Sea por medio de los escépticos, de Nietzsche o de pensadores modernos como Victoria Camps u Omar Linares, una cosa queda clara: necesitamos cuestionar nuestra percepción para poder crecer, protegernos de las incoherencias de la sociedad moderna y construir mejores relaciones con los demás. Y para ello, te dejamos estos hábitos que pueden ayudarte a salir de la caverna.
Identifica tus sesgos. Registra diariamente tres suposiciones sobre una situación o una persona que hayas tenido durante el día. Y luego cuestiónalas desde otro ángulo, busca tres explicaciones diferentes para el mismo evento. Por ejemplo, si el pensamiento es “María no me ha saludado porque me odia”, busca otras tres posibles explicaciones. “Está ocupada. No me ha visto. Pensaba que yo estaba ocupada”.
Busca opiniones opuestas. En debates o lecturas, consulta deliberadamente fuentes contrarias a tu visión. No te rodees únicamente de personas que piensen como tú. Las relaciones más fructíferas son las que pueden sobrevivir a la discrepancia.
Experimenta roles ajenos. Dedica algunos minutos de tu día a hacer caminatas contemplativas, al estilo de Nietzsche, e imagina una situación vivida desde la perspectiva de otra persona. Repasa, por ejemplo, esa terrible discusión con tu pareja. ¿Cómo debió verse y vivirse todo desde su punto de vista?
Lleva un diario. Grandes pensadores, como Nietzsche o el famoso Marco Aurelio, tendían a poner en el papel sus reflexiones, incluso si era de forma desordenada. Escribir de forma regular tus ideas, intentando desafiarlas y confrontarlas, te permitirá entrenar el escepticismo y la humildad intelectual.



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